08 marzo 2007

25 años después de su primera muerte, muere por segunda vez RUFINA AMAYA




La única sobreviviente de la masacre del Mozote, murió hace dos días de un derrame cerebral y otras complicaciones. Una mujer pobre y campesina, cuya vida se vio marcada por la guerra, cuando en su caserío "El mozote", el Ejército Nacional "irrumpió en búsqueda de guerrilleros". Allí perdió cuatro hijos, la menor tenía 8 meses, se la arrebataron de sus brazos.

Rufina vivió 25 años superando el dolor día a día, sin descanso, contando su historia como la única forma que tuvo para resarcirse de aquel crimen cometido contra sus hijos, sus amigos y vecinos. Nadie le ofreció disculpas, nadie solicitó su opinión en las altas esferas del poder a la hora de evaluar la situación de las víctimas de guerra una vez finalizado el conflicto. Pero la voz de Rufina llegó por diversos medios, a los oídos de miles de salvadoreños, incrédulos unos, y otros que la comprendieron, pues también sufrieron bejámenes por el simple hecho de vivir en el campo, de ser pobres, de estar indefensos.

Rufina murió sin recibir justicia legal en El Salvador, pero sí el reconocimiento de instancias internacionales y nacionales que ratificaron su testimonio e hicieron del dominio público la verdad de esa mujer sencilla. Rufina nunca se dió por vencida, con una esperanza y dignidad que sirven de ejemplo ahora, a todos aquellos que se afanan por continuar la vida, aún con las pérdidas terribles que la violencia social y económica sigue horadando.

La noticia de su muerte me ha llegado, por medio de un boletín hermano que distribuye el escritor Mario Bencastro, y aún cuando escribo estas líneas sigo sintiéndome impotente, como hace años, como siempre, contra el dolor no sólo de la pérdida física, sino este dolor viejo que arrastramos tantos, quizá todos, herederos perpetuos de guerras y miserias.

Pido por Rufina no el silencio, sino un enorme revolotear de párpados y labios, una forma de conciencia sin bostezo que nos haga replantearnos nuestros propios objetivos, ese rol que hemos escogido en una sociedad que sólo se defiende y ha dejado su magnífica obra de construirse un destino diferente... Pido un abrazo entre todas las personas que en este momento tengan cerca aquellos que leen esta columna breve, tratando que la ternura que aún vive necia en nosotros, venza las barreras y los odios que nos tienen atados a la piedra, a la desmemoria, la indiferencia, el miedo, la mentira y el oprobio, desde demasiado tiempo ya.