27 agosto 2007

Rigoberta Menchú, Roxana Crisólogo y otras cosas

Me entero que el 7 de septiembre es el último día en Guatemala, para que los candidatos a la presidencia realicen campaña proselitista. Me doy cuenta por las noticias y me doy cuenta también que ni el foro feminista al que pertenezco de oidas, ni mis amigas poetas, ni la concertación feminista, ni ninguno de los blogs que visito, ni el mío, han dedicado tan siquiera un renglón a este tema.

Me preocupa.

Me preocupa que tomemos a la ligera el paso trascendental de una mujer indígena hacia la conquista de la presidencia de su país. Me preocupa porque estoy segura que estuve más pendiente y recibí más noticias por diversos medios, de la candidatura de Bachelet en Chile, que de Menchú que es vecina nuestra. Me preocupa porque recibí más noticias de la postulación del otro Premio Nobel de la Paz en Costa Rica, Oscar Arias, que de Rigoberta que es vecina nuestra y primer Premio Nobel de la Paz femenino en Guatemala. Me preocupó, porque recibió más atención la candidatura de Evo Morales, y más apoyo de los medios de comunicación de la izquierda salvadoreña, que al igual que Menchú, es un representante de las razas indígenas, que fueron despojadas y excluidas de los beneficios de esta tierra.

Menchú llama mi atención por varias razones: En primer lugar no es una mujer extrovertida, ni de grandes dotes comunicativos`; segundo, no ha contestado nunca con debates ni comunicados incendiarios a todas las acusaciones que se hacen en su contra, sobre corrupción y falsedad ideológica. Tercero, porque es una mujer cuya lucha se catapulta desde la misma violencia que le tocó padecer junto a su pueblo y cuarto, porque es una mujer que no necesita estar recordando que es mujer sino simplemente serlo, para levantar con ello una bandera más de lucha contra la discriminación y los prejuicios.

Una procesión de silencio ha acompañado el camino de Rigoberta, en su esfuerzo por alcanzar la presidencia de su país. Silencio de todas partes y desconfianza del mismo lugar de siempre: la tradición. Esta última con su camándula de prejuicios, que rezan hasta los más veteranos portadores de la verdad socialista, que dicen por un lado que Menchú no es de confianza (sus premios la hacen desmerecer, porque son parte del status quo) y la sitúan cerca de posibles enemigos de la democracia, como una Malinche más. Por otro lado están los que se burlan de sus trajes, de su falta de elocuencia, de su falta de matices y malicia, propios de la política, y que por poco y se atreven a mencionar que Rigoberta es una mujer propia del ámbito doméstico y nada más, que suficiente ha hecho con ganar un premio y contar su testimonio, del que por cierto, también dudan.

Y yo me quedo callada, tratando de ver lo que ellos ven y me sale todo lo contrario: veo una mujer con una especie de "yagual" en la cabeza, con trenzas de colores como se le colocan a las sábilas en los negocios para que traigan buena suerte; es decir veo una mujer que me recuerda mucho a mi bisabuela materna que también era una indígena y se llamaba Sabas y su apellido era Cerritos, porque les vino de vivir en unos cerritos cerca del Congo. Veo una mujer gordita, morena y llena de "camanances" u hoyitos en los cachetes, una mujer normal para su edad y nuestras latitudes; veo una mujer que ha querido contarle al mundo su historia y que el mundo para recompensarla/callarla/seducirla -quizás- le ha obsequiado medallas a un dolor que seguramente, con eso no se calma. Veo una Menchú difícil de clasificar y por ello pienso que se les hace difícil a unos y a otros, apoyarla o manipularla.

En medio de esta reflexión, también me llega un correo de la poeta peruana Roxana Crisólogo, que me cuenta de la presentación de una antología que ha realizado junto a Miguel Ildefonso, sobre mujeres peruanas contando su historia con la violencia: intrafamiliar, social, polìtica, partidaria, entre otras. Me parece que dicha antología es un documento valioso para la humanidad, visto desde el punto de vista de mujeres que han recibido violencia y pudieron salir de alguna manera del ciclo que esta impone. Lo mismo que hizo Rigoberta hace algunos años, cuando Guatemala necesitaba que su verdad fuera reconocida y conocida internacionalmente y cesaran las masacres salvajes en contra de los pueblos pobres e indígenas, por parte del ejército.

La violencia debe ser contada, me digo, y debe serlo por quienes la sufren en carne propia, para que otros y otras sepan reconocer lo que les pasa, lo que les ha pasado y no atribuyan a la normalidad este tipo de situaciones y acciones, que atentan contra la vitalidad del ser humano. Pero también debe ser contada la violencia en su totalidad. Las mujeres y hombres que han cometido violencia, que respondieron con igual violencia o mayor violencia a la violencia que los sometía, también es necesario que hablen, es decir, es necesario el hablar para la víctima y para el victimario y para aquellos que jugaron el doble rol. En fin, es necesario que la violencia de décadas en la América Latina del siglo XX se muestre, se aclare, ya que apenas y empieza a mostrarnos los dedos de una mano y nosotros a comprender con ello la historia y nuestra sociedad que nos lastima casi a diario y también a nosotros mismos, que hemos nacido enfermos con ese mal que nos niega o nos reclama.

Es por ello que la candidatura de Rigoberta Menchú, se hace todavía más importante que la de Arias, Bachelet o Morales, porque es la candidatura de una mujer atípica, indígena, violentada y beligerante; es la candidatura de alguien que nos dice desde su humildad y paciencia, que es posible otra forma de hacer polìtica, otros perfiles para los candidatos a las presidencia, y nos lo dice aquí, en nuestra Centroamérica atomizada y difícilmente creíble. Ojalá y que Guatemala abra sus oídos a lo que esta mujer está diciendo, no la Guatemala criolla y elitista, sino la inmensa Guatemala pobre y maltratada, que tendrá que superar distancias, miedo y hasta su propia ignorancia formal frenta a una urna, para darse un SI a si misma.

PD: sí, Sarita; es posible.

5 comentarios:

Roxana dijo...

querida Nora, muy pertinente tu articulo, ojala podamos hacerte llegar Memorias in santas, antologia de poesia escrita por mujeres sobre la violencia politica. Compilacion hecha por el poeta Miguel Ildefonso y por mi. Un besote desde Helsinki en donde resido desde hace un mes. Roxana

Llave maestra dijo...

Amiga, sería excelente tener la antología por acá. Te voy a enviar mi dirección física por correo y así conversamos de esa posibilidad. Un abrazo y que todo te salga bien en Helsinki.

Nora

Sabi dijo...

Ya lo creo que si que si es posible y lo digo casi a punto de llorar...

a veces una respira agresion hasta en el aire contaminado y absurdo. Otras sin embargo el alma es capaz de permanecer tranquila.
Hay que hacer algo, cambiar con hechos y el tiempo que nos toca vivir.

miles de gracias querida Nora.

Llave maestra dijo...

No llorés Sabi, nunca llorés por algo que no vale la pena. Mirá que la vida requiere alegría, mucha, mucha.

Sabi dijo...

Se le quiere y requiere.

gracias!