16 octubre 2007

A quién se le ocurre

Decir que los blogs deben ser regulados o lo que es peor, que algunos deben ser cerrados, como se cierra un prostíbulo, una cantina o una fábrica que contamina con plomo, es un disparate. Quien diga eso es un perfecto ignorante de los avances de la comunicación social y de la apertura informativa que tiene revolucionado al mundo.

Ahora bien, si los blogs se convirtieran en algo parecido a los pasquines de la Mala Hora de Gabriel García Márquez, sí tendríamos que preocuparnos y mucho antes de cerrarlos, habría que investigarlos y procesar a sus autores judicialmente; pero hasta donde yo se, eso no está sucediendo.

El blog en cambio, es hoy por hoy una expresión genuina de la individualidad y pluralidad de pensamiento que existe en el planeta tierra. Ni viejo ni joven, ni gordo ni flaco, ni alto ni bajo, ni negro ni chele, ni narizón o chato, todo es igual en el ciberblog mundial. La horizontalidad de este instrumento es asombrosa y atemorizante para los que hasta ahora pensaban tener el dominio de las ideas y razonamientos.

Si un instrumento de la informática ha contribuido a la democratización de la palabra, el sonido y la imagen, ha sido el blog. Y claro que no todo es color de rosa, los blogs también ocupan mecanismos poco éticos para llamar la atención de los lectores y juegan con los tips elementales de la comunicación masiva: morbo, sensacionalismo, moda, sexo, la hora corazón y muchas otras.

Sin embargo, lo que gusta del blog es su anarquía: ni Dios, ni Patrón, ni Marido/ni Mujer, ni Presidente, ni Superpotencias, ni Policías Ciberespaciales. Todo se vale. La memoria colectiva se nutre día a día de historias, chistes, puteadas y disparates de una infinidad de multitudes que con pocos recursos pueden conectarse con el mundo y decirle SIN INTERMEDIARIOS que cobren altas rentas o intereses, aquí estoy y pienso/vivo/sueño con ésto.

Los mejores estadistas e investigadores sociales, antropólogos y publicitas, deberían estar ebrios de felicidad al encontrar una herramienta vastísima para su investigación sobre opinión pública, factores de riesgo en sociedades dinámicas y multigeográficas, censos aleatorios de opinión pública, tradición oral y memoria colectiva. No puede ser El Salvador un lugar de tal expresión cavernícola -con el perdón de mis queridos Picapiedras-, donde se diga que la blogalaxia es un peligro para la sociedad.

Es más, el blog es un término asociado a la esperanza. Esperanza que un día no exista más la violencia contra la palabra ni a través de la palabra, y ésta sirva para lo que sirvió en un principio: nombrar lo que mira/siente/opina. Los blogs no tratan de disfrazar la realidad como lo hacen otros medios de comunicación mercantilistas y atrasados.

Esperanza que exista un día tal libertad y democracia, que los que ahora se esconden tras seudónimos y máscaras, puedan salir a la luz con sus nombres propios y sostener con evidencias todo lo que promulgan o atacan. Es cierto que la difamación, la expresión vulgar y hasta mal intencionada es regular encontrarla en la blogalaxia salvadoreña, y éste es un fenómeno que puede normarse vía la legalización del delito cibernético; por lo tanto para regular la difamación como en cualquier otro medio de comunicación no es necesario ni cerrarlos ni restringirlos.

La difamación en algunos blogs salvadoreños es indiscriminada e incontrolable, pero también es un signo de nuestra escaza cultura de opinión y debate. Pero acaso los medios de comunicación tradicionales no adolecen del mismo mal, incluso cuando hablan de cerrar los blogs y que éste es un ejercicio libertino más que libertario. A nadie escapan las cada vez más constantes demandas a medios de comunicación por la tergiversación y ocultamiento de información, en perjuicio de otros.

Pero volviendo al uso de la difamación y vulgaridad en algunos blogs, uno puede concluir que esto no es más que un reflejo de la frustración social y económica de muchos. Debe ser triste escribir un post y no poder firmarlo con su propio nombre; yo encuentro en ello la más grande frustración de los difamadores cibernéticos que en su desenfrenada búsqueda de protagonismo se enganchan de nombres y personas conocidas para poder saltar a la vista de todos.

Curiosamente los editoriales y muchas notas "espinosas" que se escriben en los periódicos, también son anónimos y el lector asume que es el dueño o el editor en jefe quién los redacta, pero el anonimato es sin duda una de sus prácticas diarias. Será además que la nota escrita en contra de la libertad bloguera fue realizada a propósito, ya que dicho medio también necesita "colgarse" del fenómeno de los blogs para incrementar su atractivo... Nadie sabe, pero uno puede especular, si de pagar con la misma moneda se trata.

En los blogs, el anonimato también puede reflejar una expresión válida de la vivencia de estas personas. El anonimato cibernético bien puede ser una extensión de su anonimato social, por ello probablemente no se ven obligados a decir quiénes son, pues en la realidad su trabajo, personalidad y existencia tampoco significan nada para el sistema. El blog también canaliza este tipo protesta.

Pero como he dicho otras veces, y para tratar de ser exhaustiva y no obviar que el blog es un fenómeno principalmente de jóvenes que oscilan entre los 18 y 25 años de edad, es importante anotar que para las generaciones actuales el ser no es tan importante como el hacer, es por ello que el blog trasciende cada vez más como una expresión de movilización social, donde el anonimato como en todos los tiempos, sigue siendo un arma vital. Y es que el blog, también es protesta, que en la mejor de sus expresiones une la voz y acción de millones de personas interconectadas que en un futuro cercano, podrán frenar los atropellos del stablishment y/o promover profundos cambios políticos, y entonces serán los políticos los que rindan cuentas a la gente y no al revés.

Los artistas encontramos en el blog un medio más para llegar a públicos inimaginables y constatar en esta realidad la trascendencia y valor de nuestras obras. En lo particular, el blog es un experimento artístico donde puedo desarrollar obras en línea, como si de un acto de prestidigitación o salto mortal se tratara, así como combinar mi vocación con mi deber de ciudadana, y mis gustos musicales con mis obsesiones literarias.

El blog es un espacio donde uno habita sin alquiler ni mucho mobiliario y donde uno puede evitar ser contactado por cobros o Testigos de Jehová que tocan la puerta. El blog vuela, es nuestra casa flotante, diversa; y como un día es una pinta, al día siguiente es un discurso, un poema, un retrato, un informe, un análisis, una prótesis, un machete, un lavamanos, un poliedro, un tornillo, un amate o un espejo; donde nos vemos todos, gústenos o no.

Pero el blog es más que este romanticismo retro, es la expresión libre de los consumidores, no sólo aportando ideas sino construyendo sociedades virtuales enteras, donde los valores de vida pueden constrastar con los de la sociedad real misma. Y realidad es virtualidad y virtualidad es cada vez más lo que consumimos/reproducimos.

El blog es el medio de los consumidores del mundo y no hay poder económico que pueda comprar esa línea editorial.

Si me pidieran hacer un simil que explique claramente a cualquier persona la naturaleza de los blogs, yo diría que es un teléfono que no para de llamar en la entrevista de horario estelar del programa más famoso del mundo, sacando al aire cada segundo una queja y una verdad, sin que nadie pueda censurarlo.

3 comentarios:

Ulysses dijo...

Hola: estoy totalmente de acuerdo contigo, cerrar los blogs seria cerrar los ojos del que no quiere ver y la boca del que quiere hablar.

Llave maestra dijo...

Así es, ahora también deberemos defender la libertad de expresión en este espacio público al que accedemos con todo el derecho que nos otorga ser cibernautas y seres humanos.
Slds.

Despalabra. dijo...

Los Bloggers unidos jamás serán vencidos!! Cuanta razón Nora, a quién se le ocurre.

Saludos.