El fantasma llega no porque tu lo llames, sino porque él te necesita. Llega para malograr tu felicidad o cualquier estado de quietud que transites. Quiere estar en tu vida, quiere apoderarse de tu vida. Piensa que haces algo es porque estás tratando de comunicarte con él, todo sucede en su mundo y tú experimentas las consecuencias de su mundo enfermo de necesidad y agonía.
Por eso, cuando alzas la voz, le decís lo que pensás de él y le gritas con todas tus fuerzas, el fantasma desaparece. Por eso mi abuela decía que hay que putear al fantasma. Entonces ya sabés qué hacer si intentan asustarte: llamalo por su nombre, sus señales, decile lo que pensás de él... se irá contento, te lo aseguro, porque al menos tendrá tema para un buen rato.
La guerra con Honduras y otras memorias
Hace 13 horas

3 comentarios:
Felicidades por tu blog. Te recomiendo el mío, titulado El Chischil (http://el-chischil.blogspot.com). Espero que también te guste. Un saludo. JL.-
Las abuelitas son las mejores maestras que hay... Realmente son personajes interesantísimos en nuestra vida.
abuelas, qué sería del mundo sin ellas. No es paja.
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