La acción de escribir lleva implícita la misión de decir, contar algo? Quien entra a un blog busca una razón, una explicación racional de lo que allí existe? Uno debe decirlo todo o debe cifrarlo? Dónde se busca la dignidad, en uno o en la palabra? En dónde la virtud, en todos o en la palabra?
Desde hace días quiero decir algo, pero los sellos de las tapaderas de los Tupperware color pastel que heredé de mi abuelita, están clavados. No he sabido salir del estupor del PLOP y el primer contacto del aire interior con el de todos. Salir o pasar de largo, por la rayita azul del psicodrama, que me delimita entre real y extraordinaria.
No quiero decir necedades ni repetir sobre computadores fantásticos y la doble moral del mundo y la política. Tampoco me interesa hablar de los productos electorales y sus subidas o bajas de precio, en el contorno lapidario de la inmobiliaria social. No me interesa recordarle a cuanto funcionario público se me ocurra o exista, sus deberes o su mandato constitucional. De qué sirve?
Me preocupa la planta que se está envenenando en el jardín de enfrente. La mujer que apareció muerta y desnuda del torso en un paso a dos niveles del Boulevard Venezuela, la misma noche que desconocidos catearon un local de mujeres organizadas en la ciudad de San Salvador. Tanto, como me importan las 3 ó 5 mujeres que se encadenaron a una iglesia en Barcelona, para hacer notar nuestro estado mundial en pleno siglo XXI, dominadas por las consignas de una iglesia irracional que niega nuestros derechos sexuales y reproductivos. Me importa tanto, como me importan las mujeres chinas que tampoco pueden decidir y abortan o abandonan a sus hijas, cuando se pasan del límite permitido de maternidad o aún no han parido al varón que hará que su familia mejore económicamente. Y también me preocupan las madres de Uganda a quienes arrebata sus hijos e hijas el ejército guerrillero radical y los obliga a convertirse en asesinos o los condena a huir de noche y día, en una marcha interminable por todo el territorio, escondiéndose de ser llevados a la barbarie. Me preocupan también las niñas normales y consumistas que transitan inocentemente en las sociedad virtual, lapidadas por los estándares del mundo de las relaciones y por gente que obra con máscaras y cuchillos pronunciables pero invisibles.
Me preocupa la mujer que está en mí y las que están fuera, las responsabilidades que en nosotras gravitan, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro deseo. Me interesa la vida y la palabra que me da miedo pronunciar de un tiempo acá y en la que poco a poco voy creyendo menos, f u t u r o.
La guerra con Honduras y otras memorias
Hace 13 horas

7 comentarios:
Lo importante es decir, Nora.
A mí intentaron plantearme un futuro, pero no, las cosas no se hacen así [Click al texto en azul].
jajá, de la que te salvaste. Yo me casé dos veces y las dos veces no quería, pero algo en mi adn terminó aceptando. Ahora me arrepiento tanto, que no te imaginás cuánto duele. Te felicito y a ver qué día nos alegrás con la foto de la moto, ya quiero verte subida en el artefacto ese. Talvez venís a visitarme.
Foto de la moto cuando el banco afloje y la visita cuando usted diga.
va pues, espero entonces y ojalá que el banco afloje, porque quiero verte venir en el artefacto irreverente y suicida dada la ciudad donde será manipulado.
Ok. :)
A veces, sólo a veces, es necesario sentirse así; porque eso da la fuerza para seguir en la batalla. De eso se trata la vida... nunca rendirse a pesar de las injusticias del humano contra el humano.
Saludos y un abrazo
Gracias por ese abrazo, Lya. Ya me siento mucho mejor.
Otro para vos y toda tu familia.
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