Rufina Amaya es un símbolo de nuestros tiempos. Un símbolo para la espiritualidad de una sociedad golpeada por la guerra pero también, tocada por la esperanza. La existencia de Rufina, su supervivencia milagrosa a una cruel masacre cometida por el ejército salvadoreño contra civiles campesinos, es una prueba más del amor de un Dios que está con los pobres. El Dios del pueblo salvadoreño, que volvió a morir en la cruz en la imagen de Monseñor Romero y tantos otros hermanos y hermanas asesinados injustamente por el ejército y hasta por la guerrilla, como en el caso del psicópata Mayo Sibrián.
Carlos Colón Quintana es un músico salvadoreño residente en Texas, que profesa además la religión evangélica y un artista de gran sensibilidad y compromiso con los signos de nuestros tiempos. Con Carlitos iniciamos una bonita y productiva amistad artística en 2007, a través de nuestros blogs y debido a la referencia del Maestro Manuel Carcache, mi compañero de vida. Fue así como Carlitos me invitó a través de una pieza musical que me envió por correo, a participar en su proyecto LAS LAMENTACIONES DE RUFINA. Nada más importante para mí como el poder aportar en el canto donde Rufina llora y habla sobre sus sentimientos que debieron ser miles en la noche oscura en que escuchó morir a sus hijos.
Un proceso de creación libre e interesante, donde Carlos tuvo a bien escuchar el canto que le enviara en MP3 y una letra larguísima que él convirtió en un canto sentido y pequeño. Agradezco públicamente la oportunidad que me dio de escribir y melodear el llanto de Rufina y sobre todo por dejar pedazos de mi melodía que tímidamente le envié. Espero que este canto llegue a todo el mundo y que la voz de Rufina se imponga a la desesperanza que vivimos, que toque a los corazones de los habitantes de un mundo envuelto en la pobreza y la guerra que imponen unos pocos y que sea capaz de llevar fe y esperanza de un mañana distinto, donde podamos sobrevivir a tanto y seguir, heridos, pero seguir igualmente. Se que Carlos ha llorado mucho en el proceso, que se metió de lleno en el alma de la niña evangélica asesinada y que murió cantando. Y no podía ser de otra forma, porque recordar estas cosas abre heridas y la comprensión de elementos antes inimaginados. Espero que su trabajo tenga la recepción esperada y que esta no sea la última música culta escrita para nuestros mártires, sino el inicio de muchas más que vengan a curar heridas e iluminar la historia, y acompañar a la misa campesina salvadoreña y la misa latinoamericana en general.
El video es de la presentación el día 7 de mayo en Texas, con otra pieza dentro del programa. Quien dirige es Carlos Colón.
También coloco en mp3 dos cantos que sí corresponde a las Lamentaciones de Rufina.

3 comentarios:
Gracias, Nora.
Si no lloramos, no podremos tampoco reir.
a Ambos gracias... Pues de esto uno se da cuenta solo si la gente no se queda callada...
De rufina amaya me entere por vos en el de las cronicas !!!.
me imagino que para ambos no es facil recordar esto , ni para cualquiera que haya pasado ratos dificiles .
nuevamente gracias....
De nada, Bolux. Los artistas somos instrumentos del corazón, del sufrimiento y alegrías propias, pero sobre todo de otros.
Publicar un comentario en la entrada