Me hace a un lado. Me jala la blusa, la que más me gusta. Me saca de la cama y me saca de casillas. Me eruta en la cara, me muestra las muelas. Nunca hemos ido al dentista. Me sigue a todas partes. En la cartera, en el anillo verde que no vale nada, en la pitita negra que me cuelgo del pantalón, en la costura blanca y gruesa de las sandalias. Me mira. Me angustia. Me perdona. Me consuela. Regresa conmigo todos los días por el camino alto de las almendras mordidas. Me suena a campanita y se sienta conmigo en las gradas ajenas; desde ahi vemos pasar el pequeño mundo de mosaicos y los transeuntes ajados de volar. Juntas, siempre juntas. Ella y yo sin un hogar.
7 comentarios:
me gusta tu blog, su tono y su sangre... su espíritu. Felicitaciones
Tú eres el hogar Nora; junto a ti en las gradas, miramos volar para en una actitud de regreso (a casa), deleitarnos con tus palabras en el paseo de almendros.
Soberbio Nora. Me siento muy bien cuando te leo. Cuánto me gustaría, viajar a tu El Salvador, tan sólo para reverenciarte.
Un beso de xavier.
Walter me gusta mucho lo que dices de la sangre porque en realidad mi poesía es bastante suicida.
Y Xavier, qué te puedo decir, que me alegra que volemos de las gradas a los almendros, que te sintás bien de pasar leyendo por estas puertas. Yo también quisiera viajar a tu Uruguay para conversar con vos de todo, todo.
Un abrazo para ambos y otro extra para vos, Xavier.
¿Qué tal todo?
A mi también me consuela la palabra; aunque últimamente me preocupa vivir tan encerrado en ella; así que tenemos una relación de amor/odio. Estoy escribiendo un nuevo libro de poesía; ya te lo mandaré para que me digas qué te parece; cuando tengas tiempo.
Bueno, Nora, besos.
Vale. Un abrazo para vos y tu palabra.
Interesante mi amiga. Como siempre en tus textos.
Gracias mi amigo, por entrar aquí con tu palabra. Abrazos.
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