Vengo de estar conversando con Carlos Bucio y Meme sobre el tema del cambio en la cultura y la reunión del día de mañana a las 8 a.m. en el Hotel Princess de la Zona Rosa.
Los tres tenemos nuestras propias ideas sobre el tema sin embargo logramos romper con la historia de la torre de Babel e incluso integramos a una joven feminista al debate. Ha sido una tarde-noche interesante en el café la-T.
Llegamos a las siguientes conclusiones que hemos decidido ventilar en este blog:
1. Sí asistiremos a la reunión convocada por CAPRES el día de mañana.
2. Nuestra presencia obedecerá a la genuina preocupación por la cultura y los cambios urgentes que pensamos necesarios para el ente cultural gubernamental, como su decreto de creación, independencia ideológica partidaria y su transformación jurídica a Ministerio. Las formas contienen las ideas y en este caso la importancia que revierta la cultura en el gobierno del cambio es garantía de los procesos de transformación en todos los ámbitos de la vida de nuestro país. Es hora de llamar Ministerio a una entidad que tiene todo para serlo, menos la voluntad política hasta hoy día.
3. Abogaremos por establecer un diálogo permanente entre intelectuales, sin puertas cerradas a nadie, convocando a todos y todas quienes tengan interés en debatir los temas de la vida social, cultural, económica, artística y otras que van siendo relevantes y necesitan un proceso de discusión. Pero, esta organización debe ser independiente del Estado y su burocracia, debe ser ciudadana, con el objetivo de promover el desarrollo de ideas y favorecer la información ciudadana, como parte de la alfabetización social necesaria, para que caiga la cultura como instrumento de dominación y adormecimiento de la conciencia.
Queremos ser vigilantes permanentes la cultura y los caminos que tomará Concultura, independientemente quien quede, porque ambas deben transformarse; el Presidente debe transformar ese decreto. También nos interesa ser propositivos y desarrollar actividades de difusión de pensamiento, periodísticas y artísticas, porque los salvadoreños somos los principales actores de cambio de la cultura y el gobierno el principal garante de cambiar Concultura. No queremos quitarle el trabajo a nadie que está siendo pagado para eso, que trabajen los burócratas.
4. Nos interesa que el titular de Concultura sea una persona consciente de estas necesidades y de lo que significa el cambio en Concultura y sus objetivos, funciones, obligaciones y derechos.
Quien quiera que llegue debe comprometerse a cambiar el actual decreto de creación de la institución para garantizar su independencia del aparato partidario, su democratización y modernización. Falta recuperar la cultura en el pensum educativo, falta recuperar la formación artistica académica, básica y universitaria.
Falta potenciar la cultura a nivel nacional, la descentralización vía gobiernos municipales es tan sólo una de las formas de hacerlo. Trabajo tenemos mucho y un Presidente sólo no podrá hacerlo sin la participación decidida de todos nosotros, los que hacemos arte y cultura, y miren que la cultura es de todos, nadie se escapa.
Esto sin ignorar que dicho puesto es político y responde a la dirección del Presidente, pero así como los Ministerios de Educación y Salud son garantes de los derechos educativos y de salud de toda la población, en Concultura debe trabajarse por los derechos culturales de todos los salvadoreños y los derechos de sus artistas sin distinción de si aquel artista o no es parte de un grupo ideológico sino el valor de su obra para el desarrollo nacional. Igual con la Cultura, no puede haber supremacía de la cultura de un lugar en detrimento de otra o de una clase en lugar de otra. Como dijo una vez coloquialmente el Presidente, o todos en la cama o todos en el suelo.
Esto incluso beneficia a los artistas, promotores culturales y élites culturalmente dominantes, porque el gobierno de izquierda estaría garantizando lo que ellos nunca hicieron: criterio de igualdad para apoyo y difusión, que en otras palabras sería el fin de la censura y sus matices. Censura que han y hemos sufrido cantidades en los pasados gobiernos de la derecha. Pero así es la democracia, se benefician hasta los canallas, a quienes debemos y sabremos perdonar nuestros dolorosos estigmas. La revolución es también sinónimo de nobleza.
5. Nos pronunciaremos porque los intereses económicos varios que existen alrededor de Concultura no sean los que determinen el rumbo de la elección como ha sucedido en anteriores gestiones. Así como por una revisión de la distribución de los fondos de dicha institución, para garantizar su transparencia, equidad en el otorgamiento y eficiencia en su ejecución. La ley de transparencia gubernamental también debe ser ley para Concultura. Queremos saber cuánto ganan los burócratas de Concultura, cuánto dinero se entrega a las ONGs que gravitan a su alrededor y opinar sobre ese tema. Ya no queremos más abusos de pequeños reinados de pícaros que viven de la cultura sin impactar en el pueblo, sin devolver al pueblo la cultura sino únicamente como medio de un modus vivendis holgado y el impacto en pequeños grupos, que para nada son muestras de la población salvadoreña y mucho menos de la más necesitada.
6. Cada uno de nosotros decidirá libremente en dicha reunión a quién apoyar, si este fuera el caso, recalcando que lo importante es que el candidato o candidata se comprometa con el gremio artístico y los más de 6 millones de salvadoreños, a romper con el concepto, modelo y conducción de la cultura que ha imperado en la sociedad por más de 200 años. Así como ser capaz de combatir la corrupción al interior de Concultura y no ceder ante intereses económicos de grupos ya consabidos, o amiguismos.
Hacemos un llamado a todos los interesados en nuestra cultura, que ojalá fuéramos todos los salvadoreños, a presentarnos a dicha reunión y hacer que funcione la democracia participativa. No podemos permitir que este sea un show de músculos entre un candidato y otro, sino una discusión sana y verdadera por lo que importa: el futuro, el pasado y el presente cultural de un país que fue abandonado, saqueado, instrumentalizado y al cual se le ha mentido desde su propia cultura, alienándolo, vulgarizándolo y haciéndolo pasivo ante las cosas de la vida que sí importan.
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