
Por Nora Méndez
poeta y anarquista salvadoreña
primera parte
Los herederos de Farabundo es la obra poética dada a luz por José Roberto Cea entre los años de 1972 y 1981, según reza el prólogo de su segunda edición, realizada por Editorial Universitaria (UES) en el año de 1987, bajo el cuidado de Canoa Editores y con una ilustración de Isaías Mata en su portada.
Los herederos de Farabundo obtuvo el Premio Latinoamericano de Poesía “Rubén Darío”, en 1981, en Managua, por unanimidad, en plena revolución sandinista y en la efervescencia de la guerra civil salvadoreña, luego de la Ofensiva Final de enero de 1981 o la Revolución que nunca fue.
No es casualidad que esté escribiendo acerca del libro Los herederos de Farabundo de José Roberto Cea en este marzo, también mes de la poesía, del año 2009 en que un gobierno de Unidad Nacional llega por vez primera al poder ejecutivo. No existen las casualides pero sí las coincidencias. Por ejemplo que el día de internacional de la poesía se celebra anualmente el 21 de marzo y en la tradición prehispánica, en la puesta de sol de cada 21 de marzo, en la Pirámide de Kukulcán o Castillo de Chichén Itzá, se produce una proyección serpentina de siete triángulos de luz invertidos, como resultado de la sombra de las nueve plataformas del edificio.
Que José Roberto nace en 1939 en la ciudad de Izalco, tan sólo 7 años después del levantamiento comunista e indígena que finalizó en masacre y la instalación de la dictadura militar que se prolongaría hasta finales de los años 70s, precisamente cuando nace este libro.
1939, 2009, 9 plataformas, 29 años después del asesinato y resurrección de Monseñor Romero, 7 años después de una masacre, 70 años después de su nacimiento, años 70s, 7 triángulos de luz invertidos, marzo, poesía, cambios, equinoccios que significan dos noches iguales y el libro de Los herederos de Farabundo que llega a mí en un mes de marzo de 2009. Todo se junta!
“Aquí ha llovido cielo./Se desliza entre hierbas…/El poeta y los lirios saben la ceremonia./Vedlos crecer en su hermosura./Vedlos nombrar el canto. Hurgan el sueño./Yo deseo hacer ríos y caminos/Y la espuma llega con su velo a perder la visión./Y lloro, lloro con los ojos anegados de piedras./Piedras mentidas, sí, pero son piedras…/Es cuando llega algo de luz sin luz, mucha intuición/Y me quita las piedras parte a parte;/Me arranco la pupila para poder mirar/Hacia dentro, al fondo, a mí mismo, al pasado… “
Debo antes de proseguir, decir que no soy conocedora de su obra completa y tampoco pretendo hacer análisis literario en el sentido estricto, mas sí acercarme -en la medida de mis posibilidades humanas- a su poesía, y cumplir con al menos 3 objetivos: Establecer/contagiar mis reflexiones, curiosidades y asombros, promover su conocimiento y lectura, así como propagar junto a Cea, la historia de Farabundo Martí y sus herederos, contada por un poeta que se esmeró en conocerla/vivirla para regalarnos un futuro.
José Roberto pertenece a la llamada Generación Comprometida, dio sus primeros pasos literarios junto a escritores de la talla de Roberto Armijo, Roque Dalton y Oswaldo Escobar Velado, y según cuentan le llamaban “pichón” por ser entre ellos, “pichón de poeta”; dicho sobrenombre sobrevive a pesar de que Cea es ya un escritor laureado.
Según Wikipedia, “José Roberto Cea “nace en la ciudad de Izalco, departamento de Sonsonate, el 10 de Abril de 1939. En El Salvador es unos de los autores más prolíficos de la actualidad. Ha escrito poesías, narraciones , novelas, cuentos, teatro, ensayos. De este último género, dos trabajos muy importantes son; uno sobre la pintura y otro sobre el teatro en El Salvador. Algunos críticos señalan que mientras un sector de la poesía hispanoamericana sigue los movimientos europeos otro sector ha buscado incorporar a la misma un indigenismo más o menos auténtico sin tratar de caer en la imitación, lo cual se logra percibir en la obra de J. R. Cea. Es un autor que ha preferido ser americano apoyándose en fascinantes orígenes. Su obra conduce a tomar conciencia de lo nacional.”
Esto último es lo que principalmente caracteriza a su generación, tomar conciencia de lo nacional, amar-odiar la patria de una manera destructiva-constructiva, exigirse frente a ella, hablar de ella, rehacerla en su palabra.
Otra característica de dicha generación fue la de ganar muchisímos premios, todos prestigiosos. Cea por su parte se agencia algunos como el “Premio Internacional de Poesía del Círculo de poetas y escritores iberoamericanos de Nueva York, 1965; Premio 15 de Septiembre en Guatemala, 1965 y 1966; Premio Centroamericano de Teatro, en Quezatenango, Guatemala, 1965; Premio Italia 1972; Primer Premio en el Certamen Latinoamericano de Poesía "Pablo Neruda" en Lima, Perú, 1974; y muchos más.” Wikipedia.
En Cea, apartándolo imaginariamente de su generación, encontramos peculiaridades trascendentales: es el único escritor reconocido nacido en la ciudad de Izalco, nieto de campesinos indígenas, que cultiva sus tradiciones étnicas y que se considera a sí mismo un Brujo :
Yo soy Quirino Vega,
Tengo hierbas de pájaros malignos
Para falsear candados y memorias.
Tengo, además, oraciones que alejan la maldad
Y hacen retroceder al enemigo.
Yo, Quirino Vega,
Sé matar la cal viva, pero sufro.
Hace años que he muerto para el ángel...
Un Brujo cuyas apariciones y desapariciones están más cercanas a lo mágico del Cipitío que a lo político de Miguel Mármol. Cea, además, es un escritor cuya obra ha recibido fuertes críticas por no guardar los canones de la estética formal, entendido esto como una falta de coherencia estética de su obra y la existencia de altibajos inverosímiles en su forma literaria y la búsqueda de una semántica popular que choca con los estereotipos estéticos seguidos por otros autores consagrados -incluso de su propia generación- y los intelectuales que él seguramente llamaría “burgueses”.
Es entonces, Cea, un intelectual de la izquierda y por ello presenta un “mal comportamiento”? Por qué lo coloquial en Cea está mal y en otros como Dalton, Velado y la propia Lars, es un valor agregado? Qué es lo que se critica en Cea, la inconsistencia de su estructura poética misma o su coloquialidad? Su militancia poética? Seguir vivo? Ser poeta del imaginario indígena?

A mi juicio es un escritor de ruptura existencial y social. Qué quiero decir con esto, pues que Cea es un escritor cuyas crisis personales coincidieron con un largo proceso de crisis política y económica sufrida por la sociedad salvadoreña hasta nuestros días y esa misma crisis fue expresada en toda su literatura -conocida hasta hoy-, con raras excepciones, como Todo el Códice, considerada su obra cumbre.
En Cea vemos un esquivamiento de las técnicas y/o formas clásicas o todo aquello que en término de estructura literaria pudiera representar en forma y contenido una traición al lenguaje de su tierra de infancia, de su lengua materna, de su propio barrio y todavía más, una traición a su militancia, a su compromiso consigo mismo que es el pueblo.
(...) Lo de mi madre no es porque digan que su hijo
es el mejor poeta de su país,
que al fin y al cabo eso no importa ni
es cierto,
el poeta es el pueblo,
si no por qué me quiere: carne de la suya.
Ella no midió el amor por las tenencias, ni lo mide por eso.
Para ella no todo lo que relumbra es oro
ni le importan mis versos y eso que algunas veces
la escucho como cantar.
Su tesoro es el sudor de la frente, y así me enseñó.
Soy del montón, pues, y me siento feliz en esta orilla.
Cea ha vivido por años en el Barrio Santa Anita, un tradicional barrio popular cercano al casco histórico del Barrio San Jacinto en San Salvador. Cea, el poeta indio, revolucionario e iconoclasta, encara la poesía desde su escritorio-trinchera en las cercanías de cuarteles militares y casas de gobierno. Su poesía vive las diferencias físicas entre su casa y las casas de los “chafarotes”, el cuartel Zapote o la Casa Presidencial. Cea sabe que su casa y esas otras casas no están hechas del mismo material, sus ventanas no miran hacia los mismos lugares, sus habitantes no poseen el mismo corazón, historia e ideales. Cea no puede enarbolar su discurso vivencial y social con las mismas palabras del discurso oficial culpable de la crisis del país y el sufrimiento de millones. De ahí la importancia de prolongar su lenguaje coloquial a su obra, como una forma de resistencia y denuncia:
“Pero mi país es un potrero y en eso no hay confusión:
Los caballos se ven en los automóviles, en las calles,
En los barrios pobres y en las colonias de la burguesía
Y en los almacenes y en las oficinas públicas y privadas,
En todo se ven los caballos y las vacas y las mulas, sobre todo
Las mulas y los bueyes y los toros y hasta los garañones en celo…
No nos dejan mirar ni la mañana.
No se ven ni la luna ni los niños ni el aire…”
Como vemos, en Cea no hay descuido inocente de la forma, sólo un deshilado espejo de su propia imagen y la del pobre que viaja con él en autobús, sólo un poner por ahi, como está, todo revuelto, como sucede en la casa de los pobres, en la casa de los cronopios, donde no hay sirvientas ni la orden de esconder el desorden natural, de guardar las apariencias. No existe a mi juicio, prevalencia del contenido de su poesía sobre la forma, todo lo contrario, ambos se afirman como en un matrimonio perfecto. En Los herederos de Farabundo, el poeta retoma elementos de la tragedia clásica griega, mezclados con su vivencia de marchas, jolgorio en las calles y programas de radio de su época que denunciaban la violencia; personajes como el coro se transforman en vendedoras de macetas o zapateros, también hay voces de testigos, esos que lo vieron todo y están dispuestos a hablar anonimamente, antes de ser asesinados en El Salvador de los años 70s donde por hablar contra el gobierno y los ricos amanecías decapitado, colgado de un puente, degollado, sin ojos, tirado en una calle con el vientre cocido y dentro de él la cabeza de otro, o bien eras desaparecido y nadie más volvía a verte o aparecías desnuda y muerta con los genitales de tu novio en la boca y una botella de Coca Cola o Tic Tac en la vagina. Y si tenías suerte salías del país, mojado hacia la USA o te hacías clandestino y entrabas a la guerrilla urbana.
“ Y los quisieron destruir
los capturaron los amarraron como cangrejos
les quemaron la piel con cigarrillos marca registrada
los llevaron al fondo de los fosos
les metieron picanas made in usa
los bañaron en mierda
machacaron sus güevos o cojones
los enterraron vivos
dinamitaron sus cuerpos los ahorcaron con cuerdas
de guitarra
los lavaron con miados
oscurecieron sus días en la cárcel
les quitaron las uñas la paloma
desollaron sus caras taladraron sus ojos
les metieron pimienta en las heridas
sal en las cuencas cal en la boca
clavos en la nariz”
Es importante hacer notar que Los herederos de Farabundo se produce una vez que Cea ha logrado agenciarse un nombre en la comunidad literaria latinoamericana de aquellos días; es decir, que no es la obra adolescente del poeta, ni la aventura literaria de un muchacho militante, todo lo contario, es la obra de un escritor maduro, que ha realizado una investigación creativa apoyado en testimonios de personas de la época de la matanza del 32 y en lugares que visitó Farabundo, así como referencias bibliográficas y archivos de la nación. Cea además es ya un militante de izquierda organizada, comprometido con la construcción de la historia, el mito, la leyenda del revolucionario Martí que al igual que Sandino, comandaría el ideario de nación una vez triunfara la revolución salvadoreña, la revolución farabundista. De allí la importancia y vigencia de su libro, el cual inicia con una profecía leída en algún libro “subversivo” de la época, en voz de su narrador; profecía que nunca se cumplió o por lo menos hasta la fecha y lo que se cree:
En un libro más o menos subversivo para unos,
ilegítimo para otros, peligroso para los demás,
legítimamente leí que en El Salvador
hay dos nombres en cuyo honor se han levantado
más estatuas y monumentos
y se han bautizado más edificios, escuelas y aulas
que por ningún otro.
Ellos son Gerardo Barrios y Alberto Masferrer,
al primero los fusilaron los burgueses
y su ejército aunque era militar
y el segundo se murió de melancolía en el exilio.
Pero no cabe duda, decía el libro que les dije,
que con el tiempo
será Agustín Farabundo Martí
quien también va a tener estatuas y escuelas
y será recordado como el gran defensor de los
pobres contra los ricos y como un “pintoresco”
personaje de una época revolucionaria lejana.
El poeta nos deja fiel testimonio de los aires de esperanza de ver triunfar la revolución farabundista que existían en aquellos años previos a la Ofensiva Final de 1981 que terminó siendo el inicio de la guerra civil que duró casi 12 años, sin contar los años 70s donde se libraron combates aislados y el Ejército cometió crímenes de lesa humanidad contra civiles. El entusiasmo y triunfalismo con que comienza el libro nos confirman lo que cuentan muchas personas que vivieron esos años y testimonian que fueron los motores de la Revolución Sandinista y la represión inmisericorde del Estado salvadoreño, las que aceleraron la creación de un Frente de Guerra (FMLN) y la creencia del triunfo de la Ofensiva Final del 81, tanto que la comandancia general del Frente ya se encontraba radicada en Managua, viviendo en grandes casas confiscadas a los ricos por los sandinistas, esperando el aviso de los comandantes de tropa de que el país había sido liberado.
Los herederos de Farabundo narra en pequeñas historias de camino la vida del Negro Farabundo Martí que murió fusilado por defender los derechos de los más pobres y ser comunista, todo lo contrario de los señores que esperaron el triunfo de la revolución en una mansión:
Es que el Negro Farabundo
era un chero bien cabal, a toda madre
auténtico en sí mismo, coherente,
murió gritando un “VIVA EL SOCO...”
lo demás lo apagó la metralla...
Comía semita, tortillas y cuajada
con frijoles fritos
tomaba café de maíz con canela
y sus motivaciones eran eminentemente políticas
expresaban un difundido estado de ánimo:
liberar definitivamente al pueblo
....
por ahí anduvo el Negro Farabundo
dándole vuelta al mundo
inmundo
Sabía hablar bonito
y se mecateaba no solamente
para mosquear al enemigo...
Sabía, pues, a quién debía de joder
Por esos lugares y otros lugares anduvo anda
por donde abundan las tortugas
después del cerro del armadillo, que es el lugar
donde no hay cuervos
pero hay cerros de sandías y melones.
Ya se ha pasado al barranco de los capulines
adelante de los árboles hormigosos, por el cerro
de la mujer
donde abundan las estrellas caídas, cerca del lugar
de las joyas y collares
y la flor del corozo cae sobre el río
murmurador
(...) la pila del padre sin cabeza
que sale por el cerro de las dos tetas y la cueva
del Partideño;
allá por el lugar de los muertos rojos caídos por el cerro de la limpia bandera
lugar del comienzo.
Cea nombra los montes, las ciudades y lagunas con sus antiguos nombres, rescatando así una serie de leyendas propias de la campiña salvadoreña que vino sufriendo persecusión, migración y muerte desde 1932. Muchos de estos nombres y palabras estarían hoy perdidos si este libro no existiera.
Del lugar de las casas de carrizo
del lago amargo, del río yerbazal,
del agua escondida que abre los barrancos,
del agua chiquita,
por donde abunda el agua roja, por el cerro del achiote
El libro ofrece además una infinidad de detalles sobre el Negro Farabundo y la masacre del 32, datos que seguramente no encontraremos en la historia oficial:
Hubo hombres, los hay todavía,
hombres de una edad de siempre:
Modesto Ramírez, por ejemplo
campesino que murió después de
muchos años de batallas
yo lo miré
con la bandera roja en su ataúd
serio el hombre
sonreía de vida natural.
Ismael Hernández
otro de siempre
obrero luchador que estuvo preso con Martí,
se declararon en huelga de hambre
y cuando el Negro Farabundo
salió para seguir la guerra (...)
Ismael quedó en la cárcel
con su huelga de hambre
(...) Doña María Regalado Dueñas
una oligarca,
había regalado al gobierno quince mil grilletes
con su respectiva bola de 25 libras de hierro colado
cada una para uso exclusivo de los presos del país.
.....
1932 y muchos desearían mejor un tocadiscos
o los Beatles, los Rolling Stones
o los barcos ingleses con los gringos
fondeados en la costa
vigilando el Pacífico, los peces fuera del Charco
mientras el General José Tomás Calderón,
alias Chaquetilla,
envía mensajes dando cuenta que fueron liquidados
cuatro mil ochocientos Bolcheviques
y que todo está en calma
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